El cine español, en sus mejores expresiones, a menudo nos ofrece un espejo implacable de la sociedad. Tal es el caso de «A puerta fría» (2012), el tercer largometraje de Xavi Puebla, una película dramática coescrita con Jesús Gil Vilda. La historia nos sumerge en el competitivo y, a menudo, deshumanizado mundo de las ventas, comenzando en los aledaños de Sevilla, donde se celebra una importante feria del sector de la electrónica de consumo.

Desde el primer momento, somos testigos de la caída en picado de Salva (interpretado magistralmente por Antonio Dechent), un experimentado comercial que, en otros tiempos, fue un vendedor estrella en el modelo de ventas «puerta a puerta». Ahora, abocado al fracaso, se ve incapaz de cumplir con las cifras de ventas y los objetivos impuestos por su empresa, compitiendo con sus viejos métodos, albarán en mano, en un mundo gobernado por nuevas estrategias de negocio y por jóvenes aspirantes con fórmulas aparentemente milagrosas. Su jefe le ha amenazado con el despido si no logra cerrar al menos doscientas unidades en solo dos días.

Las Duras Verdades de un Drama Capitalista

«A puerta fría» no es solo un relato sobre la supervivencia laboral; es una cruda y veraz radiografía de la caída de un empresario y de cómo «el dinero gobierna sus vidas» en la sociedad capitalista actual. La película explora la desilusión y la sensación de estafa que sienten personajes como Salva y Carmelo (Héctor Colomé), quienes dedicaron sus mejores años a su profesión solo para ser ahora apartados y olvidados. ¿Qué ha cambiado? ¿Cuándo ocurrió? ¿Qué hicieron mal? Estas preguntas invaden la mente de Salva mientras los jóvenes toman el relevo.

La cinta de Puebla, rodada en el Hotel Sevilla Center, nos mantiene en una tensión constante debido a la precaria situación de sus personajes y sus problemas. Refleja una jungla donde el protagonista vive alienado en un trabajo que solo ofrece como vía de escape un fin de semana insatisfactorio, una atmósfera ya presente en trabajos anteriores de Puebla como «Noche de fiesta» y «Bienvenido a Farewell-Guttmann».

Un tema central es el conflicto entre la supervivencia laboral o el dinero y el honor o el amor por una mujer. La lucha por el dinero y el poder solo se ve perturbada por estos dos factores. La película emplea un lenguaje minimalista, casi de cine negro, donde los silencios, las miradas y las pausas dicen más que las palabras, creando una atmósfera tensa e irrespirable. El tono distanciado de la película se ha comparado con la objetividad de Truman Capote en «A sangre fría», retratando a los «cadáveres vivientes y los asesinos despiadados que la crisis genera diariamente».

Actuaciones Que Dejan Huella

El elenco de «A puerta fría» entrega interpretaciones memorables. Antonio Dechent está presente en todo momento y regala una actuación inolvidable, a la altura de un guion preciso, irónico e incisivo. Su trabajo en la película le valió la Biznaga de Plata al Mejor Actor en el Festival de Málaga de Cine Español y el premio al mejor actor en el festival de cine español de Toulouse. Dechent es descrito como un «Humphrey Bogart moderno».

María Valverde, desde su aparición avanzada la película, consigue llenar la pantalla con su belleza y calidad interpretativa, siendo la «necesaria cómplice del delito». Nick Nolte, aunque con un papel pequeño, es crucial para la trama, aportando su «voz de americano impasible». Héctor Colomé también destaca en una muy buena escena final junto a Dechent. La maestría en la dirección de actores es una constante en la filmografía de Xavi Puebla.

Reconocimiento y el Desafío del Cine Independiente Español

«A puerta fría» fue elogiada como una de las «pequeñas películas de bajo presupuesto y de una gran calidad» dentro del cine español reciente. Además de los premios para Dechent, la película recibió el Premio de la Crítica del Festival de Málaga de Cine Español y el premio al mejor guion en el festival de Toulouse para Xavi Puebla y Jesús Gil Vilda. El director Xavi Puebla ya había sido galardonado previamente por su trabajo en «Bienvenido a Farewell-Gutmann», incluyendo el Premio Gaudí y el de mejor guion en el Festival des Films du Monde de Montreal.

A pesar de estos logros y la calidad de películas como «A puerta fría», el cine independiente español enfrenta un problema sistémico en su promoción y distribución. Gerardo Sánchez, director de «Días de Cine», un programa cultural de televisión con una trayectoria de más de 28 años en TVE, ha señalado las dificultades de los programas culturales para mantener horarios dignos en la televisión pública, a pesar de la demanda de cine por parte de los espectadores. «Días de Cine» mismo, cuyo objetivo principal es formar, educar e instruir a las nuevas generaciones a través del cine, ha sufrido numerosos cambios de horario y se siente «marginado» a pesar de que TVE presume de apoyar el cine español.

El debate sobre la distribución y la accesibilidad del cine independiente resuena con la experiencia de películas como «La mesita del comedor», que, a pesar de ser muy premiada internacionalmente, no encontró una distribuidora fuerte en España hasta que un tuit de Stephen King cambió su destino. Esto demuestra que el público demanda una diversidad cinematográfica que a menudo es traicionada por una industria que camina sobre «terreno seguro», temiendo arriesgar con nuevas miradas.

Las lecciones de «A puerta fría» son, por tanto, múltiples: nos confronta con la dureza del mundo laboral moderno, la lucha individual por la dignidad y el honor, y la alienación generada por un sistema que prioriza el beneficio. Pero también nos invita a reflexionar sobre la necesidad de apoyar y revolucionar la forma en que el cine independiente llega al público, aprovechando «nuevos medios» y «nuevas puertas» para que estas historias, cruciales para entender nuestra realidad, no se pierdan.

Programas como «Días de Cine», con su labor de crítica y difusión, y plataformas que apuestan por «adquisiciones europeas» diferentes, son esenciales para fomentar un público inteligente y para que el buen cine y la cultura en general nos hagan «mejores personas». La historia de Salva es un recordatorio de que, más allá de las cifras y los objetivos, hay un costo humano que no podemos ignorar.

Reportaje dias de cine RTVE

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