En otras ocasiones hemos hablado sobre productividad: cómo aumentarla, cómo preparar nuestro día a día y, sobre todo, cómo sostenerla en el tiempo. Porque la productividad no es una tendencia pasajera, es una competencia central en nuestra vida profesional y personal. De ella depende, muchas veces, que el trabajo se convierta en una fuente de satisfacción —y no en una vía directa hacia el agotamiento o el síndrome del quemado (burnout).
Uno de los pilares menos comentados de la productividad es la memoria. Y, sin embargo, esta función básica del cerebro —la capacidad de codificar, almacenar, recuperar y retener información— está en la base de toda acción eficiente. La memoria no solo nos ayuda a recordar dónde dejamos las llaves o cuál era la tarea pendiente del día, sino que nos permite integrar experiencias, reconocer patrones, anticipar consecuencias y, en última instancia, tomar decisiones más sabias.
Hoy te traemos una recopilación de consejos comunes pero efectivos para entrenar y cuidar tu memoria. Pero también vamos a ir más allá, conectando estos consejos con algunas ideas filosóficas que amplían la mirada y nos invitan a reflexionar sobre el vínculo entre memoria, identidad, tiempo y conciencia. Porque ser productivo no es solo hacer más cosas en menos tiempo, sino también vivir con atención y coherencia.
¿Por qué la memoria es clave para la productividad?
La productividad no es solo una cuestión de organización del tiempo. Implica también organización mental. Cuando tenemos buena memoria, el acceso a la información es más fluido, lo cual facilita tareas como la planificación, la toma de decisiones o la resolución de problemas.
Pero, además, la memoria es una herramienta emocional. Recordar nuestros logros, las estrategias que funcionaron en el pasado o las lecciones aprendidas de los errores nos da confianza. Nos permite construir una narrativa coherente de quiénes somos y hacia dónde vamos.
Desde la filosofía, autores como John Locke ya planteaban que la memoria es la base de la identidad personal. Para Locke, no somos tanto un cuerpo o un alma, sino una continuidad de recuerdos conscientes. “Eres lo que recuerdas”, podríamos decir.
Por eso, cuidar de nuestra memoria no es solo un ejercicio de eficiencia: es una forma de cuidar quiénes somos.
Consejos prácticos (y clásicos) para mejorar la memoria
Algunos de estos consejos te resultarán familiares, incluso obvios. Pero su eficacia está más que probada. A menudo, lo que realmente funciona no es lo nuevo, sino lo que se aplica con constancia.
1. Dormir bien
Dormir entre 7 y 9 horas diarias es esencial para consolidar la memoria. Durante el sueño, especialmente en la fase REM, el cerebro reorganiza y almacena la información del día.
2. Hacer ejercicio físico
La actividad física potencia la neurogénesis (creación de nuevas neuronas), especialmente en el hipocampo. Caminar, nadar, bailar o practicar yoga pueden marcar la diferencia.
3. Reducir el estrés
El estrés crónico daña las estructuras cerebrales implicadas en la memoria. Incorporar técnicas como meditación, respiración consciente o pausas regulares puede ayudarte.
4. Entrenar la mente
Juegos mentales, aprender idiomas, tocar un instrumento o leer libros largos ejercitan la atención y la memoria de forma efectiva.
5. Repetir y organizar la información
La repetición espaciada y la organización de datos en esquemas o listas ayudan a consolidar recuerdos.
6. Cuidar la alimentación
Frutos secos, pescado azul, verduras de hoja verde y buena hidratación son aliados del rendimiento cognitivo.
Ejercicio para entrenar la memoria: el método de loci paso a paso
El método de loci es una técnica antigua, utilizada desde la antigüedad por oradores y memoristas para recordar discursos largos y complejos. Se basa en la capacidad natural del cerebro para recordar espacios y lugares, explotando esa fortaleza para almacenar información.
Cómo practicarlo:
- Selecciona la información a memorizar
Empieza con algo sencillo, como una lista de 7 a 10 palabras, números o conceptos. Por ejemplo, una lista de compras: manzanas, pan, leche, huevos, tomate, queso, café. - Elige un recorrido mental
Visualiza un camino que conozcas muy bien, puede ser tu casa, tu oficina, tu camino al trabajo o incluso un parque. Lo importante es que tengas clara la secuencia y la disposición espacial. - Asocia cada elemento con un lugar específico
Imagina cada palabra o concepto “colocada” en un punto concreto de ese recorrido. Por ejemplo, imagina que las manzanas están en la puerta de entrada, el pan en la mesa del comedor, la leche en la cocina, y así sucesivamente. Para hacer esta asociación más poderosa, crea imágenes mentales vívidas, exageradas o cómicas que relacionen el objeto con el lugar. - Revisa el recorrido mentalmente
Para recuperar la información, “camina” mentalmente por esos lugares en el mismo orden y observa lo que colocaste en cada punto. Al hacerlo, las imágenes y los conceptos deberían aparecer fácilmente. - Repite y amplía
Repite el ejercicio varias veces al día para fortalecer la conexión. Cuando te sientas cómodo, incrementa el número de elementos o usa recorridos más complejos.
Beneficios adicionales:
- Mejora la memoria espacial y visual.
- Facilita la organización lógica de la información.
- Reduce el esfuerzo de memorización al aprovechar imágenes y espacios familiares.
- Es adaptable a cualquier tipo de información, desde listas hasta discursos o conceptos abstractos.
Versión visual para entrenamiento con método de loci
| Paso | Acción | Ejemplo Visual |
|---|---|---|
| 1. Seleccionar lista | Escoge 7–10 palabras o conceptos | 🛒 Manzanas, Pan, Leche, Huevos, Tomate, Queso |
| 2. Elegir recorrido | Visualiza un lugar conocido | 🏠 Tu casa: puerta, comedor, cocina, sala |
| 3. Asociar palabras | Coloca cada palabra en un lugar | 🚪 Manzanas en la puerta, 🍞 Pan en la mesa |
| 4. Repasar mentalmente | Recorre la ruta y observa cada lugar | 🧠 Imaginas caminar y recoges cada objeto |
| 5. Repetir | Practica varias veces y aumenta dificultad | 🔄 Repetir hoy y mañana, añade más palabras |
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Filosofía y memoria: una mirada más profunda
La memoria no solo es una función neurológica, sino también una dimensión profundamente filosófica. Desde la antigüedad, pensadores y escuelas han reflexionado sobre su rol en la formación de la identidad, en la manera en que construimos el tiempo y, en última instancia, en cómo vivimos.
En la Fenomenología del espíritu, Georg Wilhelm Friedrich Hegel plantea que la conciencia no es un ente estático, sino una construcción que se despliega a través de un proceso dialéctico entre la experiencia y su recuerdo. Recordar no es repetir el pasado tal como fue, sino reinterpretarlo constantemente, integrarlo en una narrativa coherente de quiénes somos. La memoria, así, se convierte en un mecanismo de autoconstrucción continua.
John Locke, desde otra perspectiva, sostenía que la identidad personal está basada en la continuidad de la conciencia, y que esta continuidad es posible gracias a la memoria. No somos únicamente cuerpo ni alma, sino una línea narrativa que se mantiene gracias a nuestra capacidad de recordar: «Ser la misma persona consiste en ser consciente de nuestras propias experiencias pasadas». Es decir, somos memoria viva.
En contraste, Friedrich Nietzsche defendía la necesidad del “olvido activo”. En La genealogía de la moral explica que para vivir plenamente y crecer, no podemos estar encadenados a un pasado que nos pesa. El exceso de memoria puede paralizar. Por eso, olvidar no es un error, sino una función vital. La sabiduría está en recordar lo esencial, pero también en soltar lo superfluo o doloroso que impide avanzar. La memoria no debe ser una prisión, sino un trampolín.
Desde las tradiciones orientales, el budismo zen pone el foco en el presente. El apego al recuerdo, tanto a los placeres como a los dolores del pasado, es una fuente de sufrimiento. La mente —enseñan los maestros zen— necesita entrenarse no tanto para recordar más, sino para dejar de identificarse con lo que recuerda. El pasado es útil solo en la medida en que alimenta una atención consciente al momento presente. En este sentido, la memoria debe estar al servicio de la presencia, no del ego.
Incluso en el pensamiento contemporáneo, Paul Ricoeur nos habla de la memoria como elemento constitutivo de la identidad narrativa. En su obra La memoria, la historia y el olvido, distingue entre memoria fiel y memoria manipulada, y advierte sobre el riesgo de construir versiones distorsionadas de la realidad que refuercen creencias limitantes. Recordar, entonces, también implica una responsabilidad ética.
Todo esto nos invita a replantearnos el papel de la memoria: no como simple archivo de datos, sino como un espacio simbólico, emocional y ético donde se construye lo que somos. Entrenar la memoria no es solo memorizar más, sino aprender a usar el recuerdo como herramienta para el crecimiento personal y colectivo. Elegir qué recordar, cómo recordarlo y para qué, es una forma de sabiduría práctica.
¿Qué papel juega la memoria en tu productividad diaria?
Hazte estas preguntas:
- ¿Cuántas veces al día interrumpes una tarea para buscar una información que ya habías visto?
- ¿Cuántas veces repites un error porque no recuerdas cómo lo resolviste antes?
- ¿Cuántas veces pospones algo porque no tienes claridad?
Mejorar la memoria es una forma directa de mejorar la productividad. No se trata solo de recordar más, sino de recordar mejor: tener a mano lo que necesitas en el momento justo.
Y eso, como casi todo, se entrena con hábitos sostenibles.
Conclusión: recordar para vivir mejor
En un mundo hiperconectado y saturado de estímulos, la atención y la memoria son recursos escasos. Quien las entrena, gana claridad. Quien las cuida, gana bienestar. Quien las usa con sabiduría, gana libertad.
Como decía Jorge Santayana: “quien olvida su historia está condenado a repetirla”. Pero también es cierto que quien aprende a recordar de forma consciente, está en condiciones de construir su mejor versión.
Así que la próxima vez que pienses en ser más productivo, no busques solo una nueva app de organización. Pregúntate:
¿Qué estoy recordando cada día? ¿Qué historias me cuento? ¿Qué hábitos de memoria estoy cultivando?
La productividad empieza, muchas veces, por aprender a recordar lo esencial.

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