En el contexto empresarial actual, la toma de decisiones es una constante, desde las más triviales hasta aquellas que definen el rumbo de una compañía.
Si bien a menudo creemos que nuestras decisiones son puramente racionales, la realidad es que están influenciadas por una multitud de factores, muchos de ellos inconscientes. Aquí es donde la sabiduría de Aristóteles, con su concepto de la «prudencia» (phronēsis), nos ofrece una luz.
La Prudencia (Phronēsis) vs. la Imprudencia en la Filosofía Aristotélica
Para Aristóteles, la vida ética que conduce a la felicidad no se basa en la mera acumulación de información, sino en la capacidad de deliberar adecuadamente. La phronēsis es la inteligencia moral aplicada a cada situación concreta de la vida. Es la virtud que nos capacita para escoger el «término medio virtuoso» entre los extremos indeseables. El individuo prudente es aquel que ha logrado construir un puente entre su conducta diaria y su capacidad racional para discernir lo que es bueno, coordinando la aptitud para ser moralmente virtuoso con el intelecto.
En contraste, la imprudencia para Aristóteles no es un simple error esporádico, sino una «falla estructural en la inteligencia práctica». Sus causas suelen ser la impulsividad y la falta de reflexión, junto con una tendencia hacia el cortoplacismo y la búsqueda de placeres inmediatos. La imprudencia se describe como una «ceguera moral» que impide traducir la reflexión intelectual sobre el bien (sophia) en decisiones particulares y correctas. Más que malicia, el imprudente actúa por una especie de «estupidez», al carecer del conocimiento de lo correcto y de la mesura necesaria para alcanzar la felicidad o el buen vivir.
¿La Imprudencia: un Problema o una Ayuda para Nuestros Proyectos?
Desde la perspectiva aristotélica y complementada por el análisis jurídico moderno, la respuesta es contundente: la imprudencia es, inequívocamente, un problema para nuestros proyectos y no una ayuda.
La imprudencia, al ser una «falla estructural» y una «ceguera moral», es inherentemente perjudicial. En el ámbito empresarial, esto se traduce en una serie de consecuencias negativas:
- Pérdidas y Daños: La imprudencia profesional se manifiesta en la «ausencia de precauciones» o la «actuación de forma precipitada». Estos «actos evitables» pueden generar «grandes pérdidas», ya sean económicas, materiales, físicas o incluso el fallecimiento en contextos sanitarios.
- Malpraxis y Desviación de Estándares: En el entorno profesional, la imprudencia se asocia con la «mala praxis profesional» y la «inobservancia de las reglas de actuación» o lex artis. Esto significa que la conducta se desvía de los estándares aceptados, lo que en el sector sanitario, por ejemplo, puede llevar a «errores en la información, en la Historia Clínica, diagnósticos, terapéuticos o en el seguimiento».
- «Plus de Antijuridicidad»: En el derecho español, la «imprudencia grave» se define como el «olvido total y absoluto de las más elementales normas de previsión y cuidado» que cualquier persona mínimamente cuidadosa respetaría. Cuando esta imprudencia se comete en el ejercicio de una profesión, se le añade un «plus de antijuridicidad», lo que significa un mayor reproche penal y el agravamiento de las penas, incluyendo la inhabilitación profesional.
- Impacto en la Confianza y Costos: La imprudencia puede llevar a una «desconfianza mutua» en las relaciones profesionales. Además, incrementa los «costes asistenciales» (en el ámbito sanitario) o los costos generales debido a la necesidad de múltiples pruebas o medidas defensivas para mitigar riesgos.
Es fundamental diferenciar entre tomar riesgos calculados y ser imprudente. La prudencia, o phronēsis, no elimina el riesgo, sino que capacita para deliberar sobre él y tomar decisiones informadas y responsables. La imprudencia, en cambio, implica actuar sin la debida diligencia o conocimiento, asumiendo riesgos de manera irreflexiva y negligente.
Lecciones de Aristóteles para la Gestión Empresarial y de Proyectos
Para evitar caer en la trampa de la imprudencia, podemos extraer varias lecciones de la filosofía aristotélica y el marco legal:
- Cultivar la Reflexión y la Deliberación: Fomentar un entorno donde las decisiones se tomen tras una deliberación adecuada, considerando las circunstancias y los posibles resultados a largo plazo, en lugar de ceder a la impulsividad o al cortoplacismo.
- Adherencia a la Lex Artis y Estándares Profesionales: Asegurarse de que todos los miembros del equipo posean la formación y los conocimientos específicos necesarios para su rol, y que actúen conforme a las reglas y estándares de su profesión (la lex artis). La «impericia o falta de sabiduría, práctica y habilidad» es una forma de imprudencia profesional.
- Fomento de una Cultura de Cuidado y Prevención: Priorizar el «deber de cuidado» objetivo en todas las operaciones, que implica el cumplimiento de reglas sociales y profesionales establecidas para proteger bienes jurídicos. Esto incluye seguir protocolos y guías clínicas cuando existan.
- Promover la Comunicación y el Conocimiento Compartido: Una buena comunicación es clave para prevenir demandas y entender los riesgos. En proyectos de equipo, el «principio de confianza» es fundamental, permitiendo que cada participante confíe en la actuación correcta de los demás, a menos que existan motivos fundados para desconfiar.
- Reconocer y Corregir Errores: La capacidad de identificar y subsanar inexactitudes o fallos es esencial para mantener la integridad de los registros financieros y para una toma de decisiones adecuada. Saber reconocer los errores y pedir disculpas es también una medida preventiva.
Casos reales de empresas que han sufrido por la imprudencia
Ejemplos documentados en otros contextos donde la negligencia grave o la falta de diligencia profesional llevaron al colapso financiero, legal o reputacional de organizaciones. Aquí te presento algunos casos reales que ilustran este riesgo:
1. Enron (Colapso por Imprudencia Financiera y Fraude)
Problema:
- Imprudencia contable y fraudulenta: La empresa energética estadounidense Enron colapsó en 2001 debido a prácticas contables imprudentes y deliberadamente engañosas (como el uso de «sociedades opacas» para ocultar deudas).
- Falta de supervisión: Los ejecutivos y auditores (Arthur Andersen) ignoraron normas básicas de transparencia financiera, actuando con «ceguera moral» (similar a la imprudencia grave descrita en tus fuentes).
Consecuencias:
- Quiebra: Enron se declaró en bancarrota, perdiendo $74 mil millones en valor accionario.
- Cierre de Arthur Andersen: La firma auditora, cómplice de la imprudencia, perdió su licencia y cerró.
2. Theranos (Imprudencia Médica y Engaño)
Problema:
- Imprudencia profesional en diagnósticos: La startup Theranos prometió tecnología revolucionaria para análisis de sangre, pero sus dispositivos no funcionaban. Aun así, realizaron pruebas a pacientes con resultados erróneos (similar a la «mala praxis» mencionada en tus fuentes).
- Falta de «lex artis»: Los directivos (como Elizabeth Holmes) ignoraron protocolos científicos básicos y ocultaron fallos.
Consecuencias:
- Demandas y disolución: Theranos cerró en 2018 tras multas millonarias y condenas por fraude. Holmes fue inhabilitada para dirigir empresas (como la «inhabilitación especial» que mencionan tus fuentes).
3. Fukushima Daiichi (Imprudencia en Gestión de Riesgos)
Problema:
- Negligencia en seguridad: La planta nuclear de Fukushima (operada por TEPCO) ignoró riesgos conocidos de tsunamis y no actualizó sus protocolos de emergencia.
- Imprudencia organizacional: Similar a los casos sanitarios de tus fuentes, hubo una «ausencia de dirección y coordinación» en la prevención.
Consecuencias:
- Desastre ambiental y quiebra técnica: TEPCO enfrentó costos de $200 mil millones en indemnizaciones y limpieza, requiriendo rescate estatal para evitar el cierre total.
4. Banco Popular Español (Imprudencia en Gestión Bancaria)
Problema:
- Imprudencia en riesgos crediticios: El banco acumuló préstamos impagables sin provisiones adecuadas, violando normas básicas de prudencia financiera.
- Falta de transparencia: Ocultó la gravedad de su situación en informes contables (error similar a los mencionados en tus fuentes).
Consecuencias:
- Intervención y venta forzosa: En 2017, el Banco Popular fue liquidado y vendido por 1 euro para evitar su quiebra.
Conclusión
Estos ejemplos muestran cómo la imprudencia grave (ya sea financiera, médica, industrial o legal) puede llevar al colapso de empresas cuando:
- Se ignoran normas elementales de prudencia (lex artis).
- Hay falta de supervisión o «ceguera moral» en la toma de decisiones.
- Los errores generan pérdidas irreparables, demandas o pérdida de confianza.
La imprudencia, desde la óptica de Aristóteles y la jurisprudencia, es una desviación perjudicial de la excelencia y la debida diligencia. Para que nuestros proyectos empresariales prosperen, es imperativo que los líderes y equipos cultiven la prudencia, que implica no solo conocimiento, sino una profunda sabiduría práctica para actuar correctamente, prever riesgos y salvaguardar los bienes jurídicos y los intereses de la empresa. La búsqueda de la excelencia y la sostenibilidad en cualquier proyecto requiere de la prudencia como pilar fundamental, no de la imprudencia.

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