Introducción
Este texto nace también de una experiencia personal. A lo largo de los años he oído en mi entorno familiar varias historias que se repiten con matices distintos, pero con un mismo protagonista: la llegada del vendedor de Singer a la puerta de una casa en una aldea rural. Relatos transmitidos por nietas, hijas, abuelas y bisabuelas que recuerdan aquel momento casi como un acontecimiento extraordinario. El vendedor aparecía con su máquina, explicaba cómo funcionaba, ofrecía el pago a plazos y, con ello, abría una posibilidad nueva en hogares donde las opciones eran escasas.
En esas historias, la máquina de coser Singer no era solo un objeto. Era la promesa de ahorrar horas de trabajo, de vestir mejor a la familia, de poder coser para otros y ganar unas pesetas propias. En algunos casos, marcó un antes y un después en la vida cotidiana de aquellas mujeres, que pasaron de coser a mano durante interminables jornadas a manejar una herramienta moderna que transformaba su tiempo y su esfuerzo.
Estas memorias familiares conectan con una realidad histórica mucho más amplia. La historia de la máquina de coser Singer está profundamente ligada a los procesos de industrialización, modernización y cambio social que marcaron los siglos XIX y XX. En España, su llegada no solo transformó la forma de producir ropa y textiles, sino que tuvo un impacto especialmente significativo en la vida de las mujeres. La máquina de coser Singer se convirtió en una herramienta de trabajo, un símbolo de progreso y, para muchas mujeres, en una vía de autonomía económica dentro de un contexto social marcado por fuertes limitaciones de género. Este texto analiza el origen de la máquina de coser Singer, su implantación en España y, sobre todo, su influencia en la vida cotidiana, laboral y simbólica de las mujeres españolas.
El origen de la máquina de coser Singer
La máquina de coser moderna tiene su origen en el siglo XIX, en un momento de intensa innovación tecnológica. Isaac Merritt Singer perfeccionó modelos anteriores y en 1851 patentó una máquina de coser más eficiente, robusta y fácil de usar. La gran aportación de Singer no fue únicamente técnica, sino también comercial: introdujo sistemas de venta a plazos, redes de distribución internacionales y demostraciones públicas que acercaron la tecnología a los hogares.
La empresa Singer Manufacturing Company se expandió rápidamente por Europa y América. A finales del siglo XIX, Singer ya era una marca global, reconocible por su logotipo y por la fiabilidad de sus máquinas. En España, la marca comenzó a consolidarse en un contexto en el que la industrialización avanzaba de forma desigual, con importantes contrastes entre el mundo rural y las ciudades.
La llegada de Singer a España
La introducción de la máquina de coser Singer en España se produjo de manera progresiva desde la segunda mitad del siglo XIX. Inicialmente, su uso estuvo vinculado a talleres textiles, sastres y modistas profesionales. Sin embargo, con el tiempo, la máquina de coser pasó a formar parte del ámbito doméstico.
Singer supo adaptarse al mercado español mediante estrategias comerciales innovadoras. Una de las más importantes fue el pago a plazos (hire-purchase), que permitió que familias de ingresos modestos accedieran a una tecnología cara para la época; diversos estudios sobre la empresa destacan precisamente el crédito y los sistemas de “alquiler con opción a compra” como palanca clave de su expansión global.
En España esa estrategia se apoyó en una red física densa: a finales del siglo XIX habría ya alrededor de 130 tiendas de Singer en el país, concebidas como espacios donde el público podía mirar desde la calle, entrar, y probar la máquina antes de comprarla. También se han documentado picos de ventas muy altos en el primer tercio del siglo XX (por ejemplo, en 1912 y 1923, con cifras por encima de decenas de miles de unidades), lo que muestra que, incluso en un país con industrialización desigual, Singer logró convertir la costura mecanizada en un consumo de masas.
Además de vender, la empresa montó una infraestructura de reparación, demostración y enseñanza: manuales, cursos y “profesoras” que acompañaban a los vendedores fueron parte del sistema comercial y educativo de Singer.
El contexto social de la mujer en España.
En España esa estrategia se apoyó en una red física densa: a finales del siglo XIX habría ya alrededor de 130 tiendas de Singer en el país, concebidas como espacios donde el público podía mirar desde la calle, entrar, y probar la máquina antes de comprarla . La misma investigación recoge que las ventas alcanzaron máximos en 1912 y 1923, con cifras por encima de las 80.000 máquinas, reflejando un mercado doméstico fuerte antes de la Guerra Civil.
Además de vender, la empresa montó una infraestructura de demostración y enseñanza: manuales, cursos y “profesoras” que acompañaban a los vendedores formaron parte del sistema comercial y educativo de Singer.
La máquina de coser Singer permitió a muchas mujeres convertir una habilidad tradicional en una actividad productiva más eficiente y rentable. Gracias a la mecanización de la costura, se reducía el tiempo necesario para confeccionar prendas, lo que aumentaba la productividad.
Muchas mujeres comenzaron a trabajar desde sus casas, cosiendo ropa por encargo para terceros, talleres o comercios locales. Este trabajo a domicilio, aunque a menudo precario, ofrecía una fuente de ingresos propia y cierta flexibilidad para compatibilizarlo con las tareas domésticas.
En las ciudades, la expansión de la industria textil y de la confección generó empleo femenino en fábricas y talleres. La máquina de coser Singer se convirtió en una herramienta habitual en estos espacios, y su uso pasó a formar parte del aprendizaje profesional de muchas jóvenes.
Autonomía económica y cambio social
Uno de los impactos más relevantes de la máquina de coser Singer fue la posibilidad de generar ingresos propios. Para muchas mujeres, disponer de una máquina significaba no depender completamente del salario del marido o de la familia. Aunque esta autonomía era limitada y no siempre reconocida socialmente, supuso un cambio importante en la percepción del trabajo femenino.
En algunos casos, las mujeres llegaron a montar pequeños negocios de costura, arreglos o confección. Estos emprendimientos, aunque modestos, reforzaron la idea de la mujer como agente económico activo y no únicamente como ama de casa.
La máquina de coser también tuvo un impacto en la educación femenina. Las academias y escuelas de costura ofrecieron formación técnica y práctica, contribuyendo a profesionalizar la costura como oficio.
La formación impartida por Singer: cursos, demostraciones y certificados
Una parte menos conocida —pero crucial— del “fenómeno Singer” en España fue su modelo educativo, íntimamente unido al modelo comercial. Según la investigación de Paula de la Cruz-Fernández sobre Singer en España, la compañía organizó exposiciones, redactó manuales, realizó demostraciones y puso en marcha cursos de costura como parte central de su estrategia de marketing.
Manuales, bordado y la pedagogía de la domesticidad
Singer no solo vendía una máquina: vendía un uso y un ideal. Un ejemplo es la Exposición de bordados de Madrid (1901), abierta en la calle Atocha, donde el público recorría salas temáticas con textiles y prendas hechas a máquina; en una de las estancias, empleadas de Singer realizaban bordados en directo y explicaban el montaje del bastidor, y al final se invitaba a los visitantes a probar distintos modelos.
En paralelo, circularon álbumes e instrucciones para aprender bordado con la Singer (por ejemplo, el Álbum ilustrado de la exposición de 1901) y manuales posteriores. En 1906, una instructora/directora asociada al ámbito del bordado, firmó unas Instrucciones para bordar Sra. Aro que apelaban directamente a las mujeres y al ahorro de esfuerzo visual; el texto abre con una invitación a “ahorrar el fulgor de vuestros ojos”, sintetizando una idea poderosa: la tecnología como alivio del trabajo “pacienzudo” atribuido a la labor femenina.
Clases gratuitas y certificados
La formación no era solo impresa. El mismo estudio señala que esos manuales se encontraban en las sucursales de Singer, donde se ofrecían demostraciones gratuitas a posibles clientes y clases a quienes compraban la máquina; se anunciaban como gratuitas, las impartían por lo general empleadas de la compañía y, tras asistir, se entregaba un certificado (de la Cruz-Fernández, 2014).
Las “profesoras” itinerantes y la formación fuera de la ciudad
De la Cruz-Fernández también documenta el papel de las “profesoras” (así se denominaba en España a ciertas empleadas de Singer encargadas de la demostración de costura) que viajaban con los vendedores a domicilio para facilitar la confianza y la explicación práctica de la máquina. Cuando era necesario, se organizaban demostraciones en espacios públicos —como plazas o escuelas— para mostrar la máquina a varias familias a la vez, extendiendo la formación más allá de las tiendas urbanas.
¿Por qué importaba tanto la formación?
Esta dimensión educativa fue decisiva por tres razones:
- Reducía el miedo a la tecnología: aprender con alguien “de confianza” (otra mujer, una profesora) hacía la máquina más accesible.
- Convertía la compra en un proceso: no era “comprar y ya”, sino entrar en una relación de uso, aprendizaje y comunidad.
- Reforzaba la autoridad técnica femenina: aunque dentro de límites de género, muchas mujeres se convirtieron en expertas —y algunas, en formadoras—, consolidando un conocimiento práctico con valor económico y social.
Singer en el ámbito rural
En el mundo rural español, la llegada de la máquina de coser Singer tuvo un impacto particular. En muchas zonas, la confección de ropa era una tarea completamente manual y muy laboriosa. La introducción de la máquina supuso un ahorro de tiempo considerable.
Las mujeres rurales utilizaron la máquina para confeccionar la ropa de la familia, pero también para obtener ingresos adicionales, especialmente en épocas de menor carga agrícola. La máquina de coser se convirtió en un bien valioso, a menudo transmitido de generación en generación.
Simbolismo cultural de la máquina Singer
Más allá de su función práctica, la máquina de coser Singer adquirió un fuerte valor simbólico. En muchos hogares españoles, era uno de los objetos más importantes y cuidados. Representaba progreso, modernidad y esfuerzo.
Para las mujeres, la máquina Singer simbolizaba habilidad, trabajo y responsabilidad. En la memoria colectiva, la imagen de una mujer cosiendo frente a una Singer forma parte del imaginario del siglo XX español.
La presencia de la máquina en canciones, relatos y fotografías familiares refuerza su importancia cultural. No era solo una herramienta, sino un elemento central de la vida cotidiana.
Limitaciones y contradicciones
A pesar de sus beneficios, el impacto de la máquina de coser Singer también tuvo limitaciones. El trabajo de costura, especialmente a domicilio, solía estar mal pagado y poco valorado. Muchas mujeres trabajaban largas horas para obtener ingresos modestos.
Además, la máquina de coser no cuestionó de forma directa la división sexual del trabajo. La costura siguió considerándose una actividad femenina, lo que reforzó ciertos estereotipos de género.
Sin embargo, incluso dentro de estas limitaciones, la máquina de coser abrió espacios de acción y decisión para las mujeres, sentando bases para cambios posteriores.
Una lectura filosófica: técnica, tiempo y emancipación cotidiana
Desde una perspectiva filosófica, la máquina de coser Singer puede interpretarse como un ejemplo claro de cómo la técnica transforma la experiencia humana sin necesidad de grandes rupturas políticas o legales. Pensadores como Hannah Arendt distinguieron entre el trabajo necesario para la supervivencia y la acción que permite aparecer en el espacio público. La costura doméstica pertenecía tradicionalmente al ámbito invisible del trabajo repetitivo; la introducción de la máquina no eliminó esa invisibilidad, pero sí reconfiguró el tiempo, el esfuerzo y la relación con el cuerpo.
Al reducir la fatiga y acelerar los procesos, la Singer liberó pequeñas porciones de tiempo que, aunque modestas, tuvieron un valor existencial. Ese tiempo ganado podía dedicarse a otras tareas, al descanso o a la producción para terceros. Desde esta óptica, la máquina no fue solo una herramienta económica, sino un dispositivo de reorganización del tiempo vital, algo que filósofos como Henri Bergson habrían entendido como una alteración en la vivencia de la duración.
Asimismo, la Singer encarna una forma de emancipación cotidiana: no una liberación total ni explícamente reivindicada, sino una transformación silenciosa que ocurre dentro de los límites impuestos. En términos foucaultianos, la máquina puede verse como una tecnología que opera dentro de una red de poder —roles de género, mercado, domesticidad— pero que, al mismo tiempo, abre márgenes de maniobra para quienes la usan. Las mujeres no abandonaron el espacio doméstico, pero lo resignificaron parcialmente, convirtiéndolo en un lugar de producción, saber técnico y, en algunos casos, autonomía.
Esta ambigüedad —entre liberación y reproducción del orden existente— es clave para entender el verdadero impacto de la máquina de coser Singer. Su importancia filosófica no reside en haber cambiado el mundo de forma radical, sino en haber modificado la vida diaria de miles de mujeres, demostrando que la historia del progreso también se construye a partir de gestos pequeños, repetidos y silenciosos.
Lecciones del caso Singer trasladadas a nuestro tiempo
El estudio del caso Singer no es únicamente un ejercicio de historia industrial o de memoria social; ofrece también lecciones plenamente vigentes para comprender la relación actual entre tecnología, trabajo y género. Aunque el contexto ha cambiado radicalmente, muchas de las dinámicas que acompañaron a la difusión de la máquina de coser siguen presentes bajo nuevas formas.
Tecnología no neutral y diseño social
La experiencia de Singer muestra que la tecnología no es neutral: se diseña, se vende y se implementa dentro de un marco social concreto. La máquina de coser fue pensada explícitamente para un público femenino y doméstico, reforzando ciertos roles, pero también facilitando nuevas capacidades. En la actualidad, ocurre algo similar con tecnologías digitales, plataformas de trabajo remoto o aplicaciones de economía colaborativa, que prometen flexibilidad y autonomía, pero que a menudo reproducen desigualdades existentes.
La lección es clara: no basta con introducir una nueva tecnología; es necesario analizar a quién beneficia, a quién carga de trabajo invisible y qué relaciones de poder refuerza o cuestiona.
Formación como clave de acceso real
Singer comprendió que vender una máquina sin enseñar a usarla era insuficiente. Por ello, acompañó el producto con formación, demostraciones y apoyo técnico. Trasladado al presente, esto subraya la importancia de la alfabetización tecnológica. Hoy, el acceso a ordenadores, software o inteligencia artificial solo es verdaderamente emancipador si va acompañado de formación accesible y continuada.
La brecha digital contemporánea reproduce, en muchos sentidos, las diferencias que existían entre quienes podían aprender a usar una Singer y quienes no. El caso Singer recuerda que la formación no es un complemento, sino una condición esencial del progreso.
Trabajo flexible: oportunidad y riesgo
El trabajo a domicilio que permitió la máquina de coser anticipa fenómenos actuales como el teletrabajo o el trabajo en plataformas. En ambos casos, la flexibilidad aparece como ventaja, especialmente para las mujeres, pero también puede ocultar precariedad, aislamiento y falta de reconocimiento.
La lección histórica es ambivalente: la flexibilidad puede ampliar opciones, pero sin regulación ni reconocimiento puede reforzar desigualdades estructurales. La experiencia de las costureras del pasado invita a repensar las condiciones del trabajo flexible actual.
Autonomía gradual y no espectacular
El caso Singer enseña que muchos cambios sociales profundos no se producen mediante rupturas abruptas, sino a través de transformaciones lentas y cotidianas. La autonomía que proporcionó la máquina de coser fue parcial, limitada y a menudo invisible, pero acumulativa.
Trasladado a nuestro tiempo, esto invita a valorar los efectos a largo plazo de pequeñas innovaciones tecnológicas en la vida diaria, especialmente en colectivos tradicionalmente invisibilizados. No toda emancipación adopta la forma de un gran discurso; algunas se construyen en el uso diario de una herramienta.
Memoria, tecnología y responsabilidad
Finalmente, el caso Singer recuerda la importancia de conservar la memoria tecnológica. Las máquinas, plataformas y herramientas actuales también están modelando vidas, tiempos y relaciones. Comprender cómo ocurrió en el pasado permite asumir una mayor responsabilidad en el presente: diseñar, regular y usar la tecnología con una mirada crítica y humana.
En este sentido, la Singer no es solo un objeto del pasado, sino un espejo desde el que pensar nuestro presente y nuestro futuro.
Evolución durante el siglo XX
A lo largo del siglo XX, el papel de la máquina de coser Singer fue evolucionando. Con el desarrollo de la industria de la moda y la producción en masa, la confección doméstica perdió parte de su importancia. No obstante, durante décadas, la Singer siguió siendo un elemento habitual en los hogares españoles.
Durante la posguerra y el franquismo, la costura volvió a adquirir relevancia como estrategia de ahorro. Las mujeres reutilizaban, arreglaban y confeccionaban ropa, y la máquina de coser era esencial para estas tareas.
Conclusión
La máquina de coser Singer tuvo un impacto profundo y duradero en la vida de las mujeres en España. Fue una herramienta que facilitó el trabajo, permitió generar ingresos y aportó una cierta autonomía económica dentro de un contexto social restrictivo.
Aunque no supuso una emancipación plena, sí contribuyó a transformar la relación de las mujeres con el trabajo y la tecnología. La Singer fue, para muchas, una compañera silenciosa de esfuerzo diario, aprendizaje y creatividad.
Hoy, las antiguas máquinas de coser Singer conservan un valor histórico y emocional. Son testimonio de una época y del papel fundamental que desempeñaron las mujeres en la construcción de la vida económica y social española.
Referencias
- Aro, X. del. (1906). Instrucciones para bordar con la máquina “Singer” para coser. Tipolitografía J. Palacios. (Citado y contextualizado en de la Cruz-Fernández, 2014).
- Coffin, J. G. (1994). Credit, consumption, and images of women’s desires: Selling the sewing machine in late nineteenth-century France. French Historical Studies, 18(3), 749–783.
- Coffin, J. G. (1996). The politics of women’s work: The Paris garment trades, 1750–1915. Princeton University Press.
- de la Cruz-Fernández, P. (2014). La Singer Sewing Machine Company en España, un… (ponencia/artículo en AEHE; PDF). Incluye datos sobre tiendas, ventas, exposiciones, clases, “profesoras” y certificados.
- Godley, A. (2006). Selling the sewing machine around the world: Singer’s international marketing strategies, 1850–1920. Enterprise & Society, 7(2), 266–314.
- Harvard Business School Library. (s. f.). “Buy Now, Pay Later — Easy Payments” (sección histórica sobre crédito al consumo y Singer).
- Perkin, J. (2002). Did the sewing machine bring liberation or drudgery? History Today, 52(12).
- Wisconsin Historical Society. (s. f.). Singer Manufacturing Company Records, 1850–c.1975 (finding aid; menciona la implantación del “hire-purchase plan”).

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