La pregunta fundamental «¿Quién soy?» no solo resuena en nuestra vida personal, sino que cobra una relevancia particular en el ámbito profesional y en cómo somos percibidos en nuestro entorno laboral.

El filósofo francés Paul Ricœur ofrece una perspectiva profunda para abordar esta cuestión a través de su concepto de identidad narrativa, una herramienta poderosa para entender la compleja interacción entre lo que permanece en nosotros y lo que cambia a lo largo del tiempo.La originalidad del enfoque ricœuriano reside en presentar la identidad personal como el resultado de una identidad narrativa que construimos para encontrar el sentido de nuestra vida.

Somos, como afirmó Ricœur, una historia en busca de un narrador. En el contexto profesional, esta idea nos invita a considerar cómo la historia que contamos (y que otros cuentan) sobre nuestra trayectoria laboral, nuestras habilidades y nuestras aspiraciones, moldea nuestra propia identidad profesional y la forma en que el mundo nos ve.Para Ricœur, la identidad se articula principalmente en torno a dos dimensiones o «figuras»: la mismidad (del latín idem) y la ipseidad (del latín ipse).

Comprender estas dos caras de la identidad es clave para desentrañar su impacto en nuestro desarrollo profesional y en la percepción de los demás.

La Mismidad (Idem): El Ancla de Nuestra Identidad Profesional

La mismidad (idem) se refiere a la identidad en el sentido de lo «mismo» o «igual», caracterizándose por la permanencia y lo inmutable en el tiempo.

Es lo que nos permite reconocer algo o a alguien como lo mismo a lo largo de diferentes momentos. En este ámbito, Ricœur destaca el carácter como un modelo de permanencia. El carácter se define como el conjunto de marcas distintivas, o disposiciones duraderas, que permiten reidentificar a un individuo como siendo él mismo. Son esas características que nos hacen reconocibles y predecibles.

En el entorno laboral, la mismidad se manifiesta en:

  • Nuestra reputación profesional consolidada: Las habilidades técnicas que dominamos y que aplicamos consistentemente en nuestro trabajo. Por ejemplo, ser conocido como «el experto en análisis de datos» o «la persona siempre organizada».
  • Nuestra fiabilidad y consistencia: La capacidad de mantener un nivel de rendimiento constante y predecible. Esto se relaciona con los rasgos que se aprecian de igual forma a lo largo del tiempo. Las competencias básicas y especializadas que constituyen nuestra «marca» profesional.
  • Nuestros valores y principios éticos que guían nuestras acciones de manera coherente.La percepción de la mismidad en el trabajo genera confianza y estabilidad. Cuando un colega o superior nos ve como alguien con un carácter profesional definido y consistente, se refuerza la idea de que somos predecibles y fiables. Es el «qué» de nuestro «quién» profesional, la base sobre la cual se construye nuestra imagen de solidez y competencia.

La Ipseidad (Ipse): El Motor de Transformación y Compromiso Profesional

Por otro lado, la ipseidad (ipse) se refiere a la identidad como «sí mismo» o «selfhood». A diferencia de la mismidad, la ipseidad no busca una permanencia estática, sino que acepta e integra el cambio y la mutabilidad en la cohesión de una vida.

Es una identidad dinámica que se construye a lo largo de la vida, implicando la autoconciencia y la relación con el mundo y los otros.Un paradigma clave de la ipseidad es la promesa.

Ricœur explica que la promesa implica «perseverar, incluso si he cambiado». Es una identidad «querida, mantenida, que se promulga a pesar de los cambios». Esto se vincula con el mantenimiento de sí, una noción ética que implica comportarse de tal modo que «otro puede contar con ella», asumiendo la responsabilidad de nuestras acciones ante los demás.

Además, la ipseidad implica una alteridad constitutiva, es decir, nuestra propia identidad como «sí mismo» se forma en relación con el «otro».

En el ámbito profesional, la ipseidad se traduce en:

  • Nuestra capacidad de adaptación y aprendizaje continuo: La voluntad de adquirir nuevas habilidades, explorar nuevas áreas y crecer profesionalmente a pesar de los cambios en el entorno laboral.
  • Nuestra visión de futuro y aspiraciones: Los proyectos, esperas y anticipaciones que nos orientan hacia nuestro desarrollo profesional. Es el «seré» que se corresponde con el «soy» actual mediante la promesa de mantenerse.
  • El compromiso ético y la fidelidad a la palabra dada: Mantener nuestros compromisos y valores, incluso cuando las circunstancias cambian o se presentan desafíos. Esto es crucial para la confianza y la integridad profesional.
  • La interacción con colegas y equipos: La construcción de nuestra ipseidad profesional se nutre de la colaboración, el feedback y la forma en que nos relacionamos con los «otros» en el trabajo.La percepción de la ipseidad en el trabajo revela nuestra dinámica de crecimiento y nuestro potencial. Cuando se nos ve como alguien dispuesto a evolucionar, a mantener sus compromisos y a interactuar productivamente con los demás, se fortalece nuestra imagen de proactividad, liderazgo y adaptabilidad. Es la manifestación de nuestro «quién» en constante construcción.

La Identidad Narrativa: El Puente entre Mismidad e Ipseidad en el Trabajo

El gran aporte de Ricœur es que el dilema entre una identidad fija y una en constante cambio desaparece si la identidad se comprende como identidad narrativa. La narración es el «punto medio» que reconcilia la permanencia del carácter (idem) con el mantenimiento de sí en la promesa (ipse). Es el medio por el cual los cambios se integran en una trayectoria coherente, y la continuidad se hace inteligible a pesar de las transformaciones.**

En el ámbito profesional, la identidad narrativa es fundamental para:

  • Construir nuestra trayectoria profesional coherente: No somos simplemente una lista de puestos de trabajo o habilidades en un currículum. Somos la historia que narramos sobre cómo esas experiencias, aprendizajes y desafíos se entrelazan para formar una trayectoria con sentido.
  • Gestionar el cambio y las transiciones: La narración nos permite integrar los cambios de carrera, la adquisición de nuevas habilidades o incluso las reorientaciones profesionales, no como rupturas, sino como capítulos de una historia en evolución. Por ejemplo, contar «cómo pasé de ser un experto técnico a un líder de equipo». Los verdaderos cambios provienen del nuevo enfoque que damos a los hechos.
  • Comunicar nuestro valor y potencial: La identidad narrativa nos permite presentarnos de manera integral, mostrando no solo lo que somos (nuestro carácter profesional y habilidades consolidadas) sino también lo que aspiramos a ser y el compromiso que tenemos con nuestro desarrollo (nuestra ipseidad profesional).
  • La influencia del «otro» en nuestra historia profesional: Al igual que en la vida personal, nuestra identidad profesional se moldea con «materiales narrativos prestados» –las historias de nuestros mentores, el feedback de nuestros colegas, las expectativas de nuestros líderes. El acto de lectura (de la cultura laboral, de las experiencias de los demás) amplía nuestro autoconocimiento. Las interacciones con los demás y las narrativas de la comunidad laboral contribuyen a reconfigurar nuestra propia identidad.

El Impacto en la Percepción en el Entorno Laboral

La forma en que nuestro entorno laboral nos percibe está directamente influenciada por la compleja interacción de nuestra mismidad, nuestra ipseidad y la narrativa que las une:

  • La Mismidad (lo estable) en la Percepción: Proporciona la base de nuestra credibilidad. Se nos percibe como competentes y fiables por nuestras habilidades demostradas, nuestro estilo de trabajo consistente y nuestra reputación. Esto es esencial para establecer confianza en roles y responsabilidades.*
  • La Ipseidad (lo dinámico) en la Percepción: Permite que se nos vea como adaptables y con potencial de crecimiento. Se nos percibe como alguien dispuesto a innovar, a asumir nuevos retos y a liderar, gracias a nuestra capacidad de mantener compromisos y a nuestra constante búsqueda de mejora.
  • La Identidad Narrativa en la Percepción: Es el marco que unifica la percepción. Una narrativa profesional clara y coherente nos permite presentarnos como un «quién» completo, que evoluciona sin perder su esencia. Ayuda a los demás a comprender la lógica detrás de nuestros cambios, a ver la continuidad en nuestra evolución y a conectar nuestros pasados logros con futuras contribuciones. Esto es vital para oportunidades de promoción, liderazgo y colaboración efectiva.

En resumen, nuestra identidad profesional no es una foto estática, sino una película en constante edición. Al comprender la dialéctica entre la mismidad y la ipseidad, y al reconocer el poder de la identidad narrativa como su puente, no solo profundizamos en el autoconocimiento, sino que también nos empoderamos para **construir y comunicar una imagen profesional más auténtica, adaptable y significativa** en un entorno laboral en constante cambio. Somos, en buena medida, el relato de nuestra propia vida, y esto se aplica con fuerza a nuestra vida profesional.

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«La experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a nuestros errores»

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