A menudo, cuando hablamos de crisis climática, se tiende a dramatizarla como el mayor peligro para la humanidad. Y no es un error inocuo: el calentamiento global, el colapso de ecosistemas, las olas de calor crecientes, la subida del nivel del mar y los fenómenos extremos no son cuestiones abstractas — tienen consecuencias reales sobre millones de vidas humanas y no humanas.
Sin embargo, pensar que todos seremos víctimas iguales de esta crisis es una simplificación peligrosa y, en muchos sentidos, incorrecta. Como comenta Daniele Scaglione en su artículo Vivere (e bene!) con la crisi climatica, la crisis climática no afectará por igual a cada ser humano y existen grupos que vivirán incluso muy bien a pesar de la crisis. (LinkedIn)
Esta idea puede sonar provocadora o incluso insensible, pero merece ser examinada con honestidad porque abre una pregunta crucial: si el cambio climático crea perdedores, también ¿genera ganadores? Y si es así, ¿quiénes son?
La crisis no es uniforme, ni lo son sus efectos
Desde una perspectiva científica, el término “crisis climática” describe un fenómeno global con efectos profundos sobre sistemas sociales, ecológicos y económicos, causados principalmente por la actividad humana.
Pero global no significa igual. Las consecuencias se distribuyen de forma muy desigual:
- Algunas regiones ya sufren sequías extremas, mientras que otras experimentan inundaciones récord.
- Comunidades vulnerables con menos recursos y menos capacidad de adaptación están entre las primeras en experimentar pérdidas humanas y económicas.
- Países ricos pueden invertir en infraestructuras, tecnología climática y sistemas de protección civil; los pobres quedan más expuestos.
En ese sentido, no todos sufriremos por igual. Y esa desigualdad genera ganadores y perdedores no por azar, sino por estructuras económicas y políticas existentes.
¿Quiénes “ganan” en un mundo que cambia climáticamente?
Según Scaglione, quienes históricamente han acumulado privilegios — poder económico, acceso a recursos, movilidad social alta — tienen una capacidad mucho mayor para adaptarse y protegerse de los impactos climáticos, incluso si el planeta se calienta significativamente.
Esto no significa que estén inmunes, pero sí que pueden:
- Mudarse a zonas con clima más favorable.
- Comprar tecnologías de adaptación (aire acondicionado, infraestructuras resistentes).
- Asegurar el acceso a recursos básicos incluso durante crisis amplias.
Este punto es fundamental: la crisis climática no nivela la cancha, sino que tiende a profundizar desigualdades. El capitalismo global, las estructuras de poder y la lógica del “business as usual” favorecen a quienes ya tienen más — y por eso muchos actores poderosos no tienen incentivos reales para cambiar el sistema de raíz. (LinkedIn)
Entonces, si existen ganadores, ¿quiénes serían?
Ganadores materiales, perdedores sociales
- Grandes corporaciones y élites económicas:
Empresas con recursos para asegurar cadenas de suministro resilientes, acceso a fuentes de energía alternativas, o incluso territorios propios donde construir infraestructuras defensivas, pueden proteger su capital económico incluso en condiciones extremas. - Individuos con altos ingresos:
Personas con gran movilidad económica pueden desplazarse geográficamente, pagar seguros, construir refugios y obtener servicios médicos y alimentarios, reduciendo su exposición a los efectos más devastadores del cambio climático. - Tecnologías defensivas y sectores adaptativos:
Industrias que se benefician directamente de la necesidad de adaptación climática — energía renovable, tecnologías de enfriamiento, infraestructura resiliente — pueden prosperar en una economía que gira en torno a la respuesta a la crisis.
Pero incluso estos “ganadores” no están libres de sufrimiento colectivo: la estabilidad social disminuye cuando millones pierden tierras, hogares y medios de vida. Y el bienestar de unos pocos no garantiza un mundo habitable para todos.
La narrativa del “colapso” y su impacto en el imaginario
La newsletter Medusa (en su número titulado Collasso) explora cómo nuestra percepción del fin del mundo ha cambiado con el tiempo. Según ellos, desde 2019 la atención hacia la crisis climática ha disminuido, socavando la urgencia política y social que se había generado con movilizaciones masivas. (medusanewsletter.substack.com)
Lo interesante es que ese descenso no se debe a la mejora de la situación, sino a cómo los flujos de atención social se redistribuyen hacia otros temas urgentes — crisis geopolíticas, pandemias, conflictos armados — desplazando el foco del clima a pesar de que la crisis climática no ha desaparecido.
Este fenómeno no es casualidad: vivimos en sociedades donde la atención, el miedo y la movilización pública son recursos que se compiten, y donde la narrativa del “colapso” puede volverse tan abrumadora que genera parálisis tanto en gobiernos como en ciudadanos.
¿Puede alguien realmente “ganar” el cambio climático?
Para responder a esa pregunta debemos definir qué significa ganar:
- ¿Significa sufrir menos?
- ¿Significa conservar privilegios materiales?
- ¿Significa prosperar mientras otros sufren?
Si entendemos “ganar” como protegerse mejor de los impactos de la crisis, entonces sí: existen actores que, por sus recursos, su poder o su posición social, pueden enfrentar la crisis climática con menor daño relativo.
Pero si entendemos “ganar” como conservar bienestar, dignidad, salud y seguridad dentro de una sociedad humana estable y justa, entonces nadie gana verdaderamente mientras otros pierdan. Un mundo en el que pocos se adaptan mientras muchos sufren es un mundo fracturado, inestable y cada vez más peligroso.
La ilusión del aislamiento climático
Algunos creen que la acumulación de riqueza puede “comprar” inmunidad climática: bunkers, reservas alimentarias, sistemas energéticos propios, tecnologías exclusivas… Esta fantasía aparece incluso en círculos de élite que discuten estrategias para sobrevivir a colapsos sociales o ambientales.
Pero existen límites claros:
- Los recursos son interdependientes: el agua, la tierra fértil, los ecosistemas que sostienen la vida no se protegen aislados del resto del planeta.
- La estabilidad social es frágil: cuando millones pierden trabajos, hogares y futuro, las tensiones sociales escalan y amenazan incluso a quienes tienen ventajas materiales.
- Las crisis ecológicas no distinguen fronteras humanas: sequías extremas, olas de calor y colapsos de biodiversidad trascienden las barreras que los humanos intentan levantar.
La única victoria posible: acción colectiva
Si el cambio climático es una crisis global que intensifica desigualdades y amenazas, entonces la única forma de “salir ganando” no es individual, sino colectiva:
- Transiciones energéticas reales que reduzcan emisiones.
- Políticas públicas que protejan a los más vulnerables.
- Redes de solidaridad global que compartan recursos y conocimientos.
- Cambios culturales que reduzcan nuestra huella ecológica.
Estas acciones no aseguran un mundo perfecto, pero sí un mundo en el que la mayoría tenga la posibilidad de vivir con dignidad y futuro, reduciendo las brechas entre ganadores y perdedores.
Conclusión: ¿Puede alguien salir ganador del cambio climático?
Sí, algunos pueden sufrir menos.
No, nadie puede realmente “ganar” en un mundo fracturado por desigualdad y degradación ambiental.
La crisis climática no es un juego de suma cero en el que alguien queda indemne y “triunfa”; es un desafío sistémico que revela y amplifica las fallas estructurales de nuestra sociedad. La verdadera victoria consiste en reducir el daño, distribuir equitativamente la capacidad de adaptación y construir sistemas sociales y ecológicos que funcionen para la mayoría — no solo para los privilegiados.

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